miércoles, 15 de mayo de 2013

ESPERANDO LA MAGNA, POR TOMÁS PARDO.

MARÍA NOS MUESTRA A SU HIJO

Granada siempre ha tenido en su seña de identidad el culto a la Madre de Dios. Desde los primeros momentos en los que volvió el culto cristiano a nuestra ciudad fueron muchas las manifestaciones religiosas de culto a la Virgen María. Este culto se realizaba en diversas advocaciones, pero fue una pequeña capilla en la que se veneraba un lienzo donado por la reina Isabel donde se afianzó el culto a Ntra. Sra. De las Angustias. 
Hoy cinco siglos después conmemoramos otra fecha, la de 1913 en la que la imagen de la Virgen de las Angustias es coronada, manifestándose así el fervor y la devoción del pueblo granadino a esta advocación tan nuestra. 
Desde la antigüedad es costumbre realizar procesiones para manifestar públicamente el fervor y así lo vamos a realizar el próximo día 18 de Mayo con la celebración de la Magna Mariana. La mayor manifestación de fervor y acción de gracias con la Virgen María como protagonista. 
Las hermandades de Granada y las patronas de otras localidades de la provincia vamos a recordar aquel día de hace ya una centuria en el que Granada entera proclamaba que la Señora de las Angustias era su Reina y Señora. Lo haremos como manifestación de fe, tal y como mandan los estatutos, reglas y constituciones de todas las hermandades, que tenemos en nuestra Madre al modelo para seguir y decir SI a Jesucristo muerto y resucitado. 
Debe ser un momento de fervor, alejado de los diferentes vaivenes a los que se ha sometido esta cita de fe mariana desde su germen. Debemos olvidar todos los elementos que nos pueden distraer del auténtico sentido de esta procesión, de esta manifestación de fe. Tenemos que manifestar que María es nuestra madre y que al igual que ella queremos seguir las huellas de Jesucristo. María nos lleva a Jesús. María nos mostrará, como en un momento de mágica exposición, a Jesús muerto en sus brazos, después del sacrificio, después de haber entregado su vida por nosotros para que creamos y si tenemos fe debemos creer que ese mismo Jesús muerto en sus brazos, aquel al que sostuvo en sus primeros momentos de su vida, nos traerá la gloria de la resurrección, una esperanza de la que en estos tiempos estamos faltos, con la mirada puesta no solamente en ese día, porque no es una foto fija de la fe, ya que al día siguiente recibiremos el Espíritu Santo, que caerá sobre nosotros como aquél día de Pentecostés sobre los apóstoles, para convertirnos como ellos en auténticos evangelizadores de la Gloria de Dios que nos muestra María en sus brazos.

Tomás Jesús Pardo Navarro
Hermano del Rosario
Vocal de Formación y Cultos