miércoles, 8 de mayo de 2013

EL PAPA FRANCISCO SE DIRIGIÓ A LAS HERMANDADES.

En un día lluvioso, la Plaza de San Pedro repleta de paraguas y de decenas de miles de miembros de las diversas cofradías y hermandades del mundo, que se dieron cita en torno al Papa Francisco. Entre ellas, varias españolas. El Papa centró su homilía en tres palabras: "Evangelicidad, eclesialidad y misionariedad". Su Santidad reivindicó la piedad popular como "modalidad legítima" de ser y vivir la fe en la Iglesia. Siempre que sea eclesial, evangelizadora y misionera.
Citando a Benedicto XVI, el Papa Francisco destacó la importancia de la ‘evangelicidad' de las Hermandades y de la riqueza de manifestaciones de la piedad popular, que los obispos latinoamericanos definen como una espiritualidad una mística, un espacio de encuentro con Jesucristo. Amen a la Iglesia, déjense guiar por ella alentó el Santo Padre y, exhortando también a ser auténticos evangelizadores, añadió: ¡sean misioneros del amor y de la ternura de Dios!


El papa Francisco instó hoy a las hermandades llegadas hasta la plaza de San Pedro del Vaticano a que se mantengan "activas" en la comunidad católica, desempeñando el papel de "auténticos evangelizadores" en la relación entre la fe y la cultura popular.

Durante la misa celebrada bajo la lluvia con miles de integrantes de hermandades de todo el mundo, el pontífice quiso reconocer la labor de esta "realidad tradicional de la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento", así como la "valentía" de los asistentes al acto por desafiar al mal tiempo.

"La piedad popular es una senda que lleva a lo esencial si se vive en la Iglesia, en comunión profunda con vuestros pastores. Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas, piedras vivas. Los obispos latinoamericanos han dicho que la piedad popular es una manera legítima de vivir la fe", dijo Francisco.

"Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las parroquias, en las Diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana. Veo en esta plaza una gran variedad de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, al encuentro con Cristo", agregó.

En una plaza de San Pedro adornada con los crucifijos y los estandartes de las distintas hermandades a lo largo de la columnata de Bernini, el papa argentino quiso recordar que estas asociaciones tienen una "misión específica e importante, que es mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos" a través de la piedad popular.

"Sed también vosotros auténticos evangelizadores -dijo-. Que vuestras iniciativas sean puentes, senderos para llevar a Cristo, para caminar con él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad".

Esta misa, celebrada en el sexto domingo de la Pascua, se enmarca dentro de la celebración de la Jornada de las Hermandades y de la Piedad Popular, en el ámbito del Año de la Fe promovido por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, cuyo presidente, Salvatore Fisichella, dirigió un saludo al papa al inicio del acto.

"Queridas hermandades, la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia y que los obispos latinoamericanos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, que es un 'espacio de encuentro con Jesucristo'", afirmó Francisco.

"Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor", agregó.

El papa, que tras esta misa tiene previsto dirigir también en San Pedro del Vaticano el rezo del Regina Coeli (la oración que sustituye al Ángelus dominical en Pascua), pidió a las hermandades que caminen con decisión hacia la santidad y que no se conformen "con una vida cristiana mediocre".

Con estas palabras de aliento y esperanza el Santo Padre concluyó su homilía:

«Autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero. Pidamos al Señor que oriente siempre nuestra mente y nuestro corazón hacia Él, como piedras vivas de la Iglesia, para que todas nuestras actividades, toda nuestra vida cristiana, sea un testimonio luminoso de su misericordia y de su amor. Así caminaremos hacia la meta de nuestra peregrinación terrena, hacia la Jerusalén del cielo. Allí ya no hay ningún templo: Dios mismo y el Cordero son su templo; y la luz del sol y la luna ceden su puesto a la gloria del Altísimo. Que así sea».