jueves, 22 de mayo de 2014

La Magna Mariana en el recuerdo de Javier Alcántara

La historia vivió uno de sus momentos más gloriosos de la mano de los cofrades, cuando todos en la Archidiócesis de Granada rendíamos devoción y amor hacia Nuestra Señora de las Angustias, Madre de Dios, que con su Hijo muerto entre sus brazos, celebraba el centenario de su Coronación Canónica.

Hecho inolvidable, único y grabado para siempre en la memoria de los que tuvimos el gran privilegio de vivir con intensidad aquel dieciocho de mayo del año de la Fe. Una Fe que con María nos llevaba a Cristo, el Salvador de la humanidad.

Granada era un hervidero de gente que desde los albores de la aurora arropábamos el traslado de sus Vírgenes hacia el templo catedralicio, ya que fue un honor y un privilegio el poder estar en la ciudad de la Alhambra desde los albores de la mañana. Silencio, devoción, respeto y un ambiente de oración en aquella mañana, que desde la Abadía del Sacromonte, empezaba a llamar al resto de las Vírgenes de Granada para iniciar un cortejo en el que el cofrade no podía permitirse el lujo de perder detalle alguno.

La mañana quedó marcada en aquel hermoso traslado de todas las Vírgenes de Granada capital, donde pude disfrutar de un ambiente de silencio, oración y de gran devoción hacia la Madre de Dios que entre sus diferentes advocaciones, sin lugar a dudas, quedó grabada en mi retina cuando la contemplé como Maravillas de una ciudad; Aurora de la Mañana; Angustias de la Alhambra Coronada; Esperanza de Santa Ana; Consolación de Granada y Rosario marinera de un Realejo con sabor y tradición cofrade mariana.

La Carrera de la Virgen, bellamente engalanada, disponía un altar con su patrona que revestía de exquisitez cofrade mariana la fachada de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, donde caída la noche, pude rezar delante de la Señora que bendecía a toda Granada; una ciudad que en este día, más que nunca, estaba vestida de María por siempre Inmaculada.

La tarde se hizo puro desfile cofrade de pasos que portaban a María en sus diferentes advocaciones marianas, rompiendo el silencio del cortejo, cuando una vez pasada la Carrera de la Virgen, cada una se disponía a volver a su templo.

Sin pensarlo dos veces opté por el Realejo, así como la mayoría de los hermanos de la Amargura de Jaén que allí nos plantamos en viaje programado por la cofradía. Fue impresionante y conmovedor ver a una Amargura al son de “Mi Amargura” interpretada por la exquisitez de la Banda del Carmen de Salteras. Del mismo modo, resultó impresionante contemplar a un barrio que esperaba a una dolorosa que llena de Misericordia marcaba un ritmo en las trabajaderas casi imposible de igualar y que trazaba una clara diferencia en la forma de llevar los pasos de palio en Granada. El barrio se deshizo en lluvia de pétalos de rosas para su Misericordia Coronada.

Sin lugar a dudas, el broche final ver la entrada de la Señora del Rosario, ascua de oro en su palio que hizo hasta cesar al viento para así poder entrar triunfante en una plaza dominica con su candelería plenamente encendida. Su barrio la esperaba llena de fervor y clamores contenidos. Ancla en su manto y belleza en su cara, rosarios marcaban el ritmo de las bambalinas y el buen andar de una cuadrilla costalera que llevaba a su Reina del Rosario por bandera.

Granada puso el listón bien alto en el terreno cristiano y en la diferencia cofrade, dando referencias a toda Andalucía que la tradición, la devoción y el gusto cofrade estaban afincados en una tierra mariana que rendía honores y pleitesía, devoción y oración a su Patrona, Angustias por Granada Coronada.

                                                                                  Fco. Javier Alcántara
                                                                       Hermano de la Amargura de Jaén