
Dice el himno que hoy hemos cantado en el primer día de triduo:
El momento central de la celebración, nos ha permitido centrarnos en la contemplación de nuestros titulares, Jesús y María, a los que al igual que el ciego podemos contemplar centrando nuestra mirada en ellos para poder levantarnos y cambiar de vida.
Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.Yo, como el ciego del camino,pido un milagro para verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;cura su fiebre posesivay ábrela al bien de mis hermanos.
Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;que el corazón no se me quededesentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!)Tú que conoces el desierto,dame tu mano y ven conmigo.
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